Sonidos de la
noche
En el interior de unas ruinas, lo que
parecía haber sido una atalaya exterior de tiempos inmemorables, hecha del mas
blanco mármol y un granito de especial consistencia, que había sobrevivido a los
siglos y las eras, se encontraba un caballero de armadura roja, cuya crin en
tonos negros y plateado relucían libres de su casco, luciendo su pelaje en un
tono blanquecino simulara al de las paredes se vio sorprendido por un ermitaño
que apenas se podía mantener; no podía distinguir bien el rostro, pues las
ropas cubrían su cuerpo casi en su totalidad, aun a simple vista se veía
herido, desmayándose poco después. Aquel potro no dudo en ayudarlo ignorando el
hecho de donde lo había encontrado lo llevo a una cabaña cercana dedicándose a
cuidarlo. El lugar no era mejor que la vieja atalaya, pues también parecía
abandonada hace mucho tiempo por su propietario, por suerte aun había una cama
de colchón raído y una mesa que apenas se sostenía por la gracia de un montón
de piedras apiladas caprichosamente a su alrededor, sin mencionar que el aire
se colaba por la pared este, donde yacía lo que antaño era una ventana con
vitral colorido; poniendo un poco de atención, se podía notar que era una
panadería en sus viejos tiempos.
Mas como el bien sabia civilizaciones
caen y se levantan, dejando solo el rastro de su existencia y grandeza, pero en
ese instante lo que fue una silla
calentaba a ambos, se permitió el lujo de quitarse su mascara y
descansar, después de todo tenia por deber cuidar del afligido y eso se dispuso
a hacer. Dos días después despertó el potro que tras su indumentaria era rojo
con negro y una melena tan negra como la
noche, miraba desconcertado sin atinar donde estaba, su expresión era
completamente una interrogación, notando que no podía expresar palabra, pues
parecía estar afónico, recordando el terrible viaje se consoló pensando que
poco a poco recuperaría su habla.
-
No te levantes aun, esta todavía en recuperación, soy
Remus Wolff iré caballero de Canterlot- dijo sin siquiera mostrar emoción en su
habla, mientras serbia sopa en dos tazones- me hubiera gustado probar el pan de
esta panadería, seguramente debió de ser el mejor de la zona.
-
Segu...ro- intento hablar mas su garganta se había
serrado de nuevo, el caballero que había notado el estado de salud del pobre
potro, solo sonrió, mientras terminaba de partir el pan.
-
Tus cuerdas están cansadas, aun tendrás que esperar
unos días, estamos en una cabaña abandonada, pero no te preocupes estarás bien
y mientras guarda bien tu nombre, que ansió saberlo, ven que la cena se enfría.
Al igual que
los demás días Remus dejo un nutrido fuego y regreso a su cuartel, no sin
decirle que volvería mañana; en su soledad el
pony estaba mediante observando la lejanía que dibujaba torres y muros
congelados, imaginándolos en su época de grandeza; tras un par de semanas su fuerza volvía a sus
cascos, sus heridas estaban casi completamente sanadas, mas su garganta se
negaba a abrirse, todo ese tiempo Remus
le hiso compañía, contándole de sus aventuras en tierras inhóspitas, yéndose
siempre dejándole la promesa de verlo de nuevo ala amanecer siguiente,
Al cabo de un
mes ya estaba restablecido, por fin su fría garganta estaba lista para musitar
palabras, el esperaba ansioso a su amigo, mas ese día no vino el, vino alguien
mas; una yegua de crin negra y pelaje crema, ataviada igual que su compañero de
recuperación; lo primero que vino a su mente fue que el había muerto, mas sus
temores se disiparon tan rápido como se
formaron.
-
El capitán no podrá venir hoy, pero manda saludos y
comida- se enjuaga la garganta- soy Akua Emerald, teniente primero; se que aun
estas mal de la garganta, toda la guarnición espera saber tu nombre.
Pese a lo
breve de su visita, se sintió bien, pues sabía que Remu lo visitaría pronto de nuevo. El reencuentro
fue emotivo, además de el iba Akua, la emoción de ver a sus dos amigos en esa
tierra inhóspita le alegro el corazón; esa vez fue una ocasión especial, pues
tras mucho tiempo por fin pudo hablar.
-
Gracias por todo, no se como agradecérselos; soy Star,
me gustaría decir mas, pero no me acuerdo de nada antes de que me rescataran.
Tome el nombre de las estrellas, pues lamento no recordar tampoco eso- poniendo
cara de aflicción ante su amnesia, que en su silencio lo había torturado.
-
Esta bien amigo, pero hay muchos Star en Equestria, te
llamare mejor Darkstar en honor a la ocasión que nos encontramos- sonríe Remu
mientras termina de cocinar.
-
Darkstar es sombrío, pero lleno de poder, le agradara
ala tropa. Asiste con la cabeza Akua mientras observa lo cambiado del lugar,
limpio y en orden- buen trabajo soldado.
Darkstar no
sabe que contestar al alago, mas asiente mecánicamente yendo ala mesa; tras
acabar la comida, un aire de solemnidad llena el lugar, el capitán tose y mira
a su alrededor lamentando las palabras que
va a decir a su amigo.
-
Tendrás que irte de aquí, esta lleno de enemigos, la
tropa se moverá en unos días y ya no podremos protegerte-sonríe y en sus ojos
se dibuja la esperanza- pero si gustas puedes acompañarnos, ser un caballero de
canterlot pero antes debo decirte que la corona niega nuestra existencia, que
estarás en peligro constante y talvez mueras peleando.
El silencio
reino por unos minutos, la idea dio vueltas en la cabeza del pony, que balanceo
sus posibilidades actuales, mas el estar con sus amigos fue mas fuerte, sabia
bien que desconocía el mismo su origen; soltó el pasado y se dedico a vivir el
presente. Sin más dudas esa tarde conoció a
Iron Hammer el armero de hierro y a Serra Suneclipse un unicornio muy
talentoso, quedando prendado de ella.
Durante un
tiempo fue entrenado sin cansancio, demostrando gran facilidad de aprendizaje,
sorprendiendo a todos; marcho con ellos rodeando lo que llamaban la ciudad
blanca y el muro de niebla siempre a la vista; sentía algo familiar en el,
mas no sabia que era.
El nuevo
asentamiento era un castillo abandonado, ya se había habituado a vivir entre
ruinas y escombros, cada noche jugaba a las vencidas con Iron, perdiendo la
mayoría de las veces; la comía si bien no era un manjar era suficiente para el,
pues la falta de lujo lo compensaba la camaradería de los caballeros. Pronto
llego el momento de formar parte de un consejo de guerra, estando a lado del
capitán Remus y la temiente Akua.
-
Señores, por insólito que les parezca, entraremos a esa
fortificación de la corona; necesitamos extraer lo que tanto hemos buscado, el
escudo del rey sombra; es peligroso que permanezca con esos inexpertos, y no lo
entregaran voluntariamente- el capitán Remu miro a su gente d confianza,
mientras sonreía temerariamente.
-
Las entradas están fuertemente vigiladas, lo haremos
las cuevas, pues están al este de su posición, sin tanta guardia- Akua señalaba
un punto en un mapa de reconocimiento- suerte y que regresemos todos con vida.
-
Brindaremos con los muertos si caemos –ríe Iron
alegremente- bien chico esta será tu primera misión real, espero que no la
ultima.
-
¿Bromeas Hammer?, apostemos quien regresa – Darkstar
que se había adecuado a su nueva vida se unió a la alegría colectiva, hasta que
Remus los hiso callar.
-
Esto es serio, pero es bueno que haya humor en la mesa,
partiremos mañana a primera hora, ¡¡estén listos todos!!
La víspera del
ataque fue una gran nube en movimiento, pues los preparativos eran bastantes y
el tiempo poco, la marcha en medio de la oscuridad fue algo indescriptible, a
lo lejos se veía la fortaleza de la luna
era imponente, una gran batalla era lo que auguraba; un heroico suceso digno de
ellos, mas la calma era demasiada.
Era tarde para
pensar en eso, logrando hacer su movimiento de manera magistral llegaron a la
caverna el resto fue sencillo, eran caballeros de canterlot después de todo,
esto era solo un suspiro. Mas pronto supieron que era una trampa, no había tal
escudo y se vieron rodeados. Inmediatamente se fraguo un plan de escape.
El sol ya
había salido, revelando arqueros lisos a atravesar a cualquiera que se moviera;
fue el fin de la pequeña compañía, pues sabían que no había salida, reuniéndose
en un salón se mitraron, mas no estaban tristes, todos se reían y celebraban su
derrota; mas algo sabia que discutir, las miradas dieron pase a las palabras de
los presentes.
-
Señor nosotros nacimos para morir, no temo a la muerte
–decía Iron Hammer con elocuencia poco común, sin duda era el final y ameritaba
su mejor discurso- el muchacho es joven, debe salir con vida, yo lo cubriré si es necesario.
-
Todos lo haremos, Serra lo cubrirás lo mas que puedas,
Akua fue un placer pelear a tu lado
Sin dar tiempo
a mas planeaciones o despedidas los valientes caballeros iniciaron el fuego,
causando bajas, mas la desventaja numérica empezó a pesar demasiado; por su
parte el camino hacia la única salía lo tapeaba dos fuertes soldados apoyados
por un centenar de arqueros; fue en ese momento cuando Iron Hammer se lanzó en
envestida atrayendo la atención de estos, derivándolos, mas cayo por la lluvia
de flechas, logrando su objetivo, Darkstar y Serra habían cruzado.
Serra se
detiene cerca de una cascada interna, mira a su protegido con lágrimas en los
ojos, una flecha la había atravesado; lo sostuvo con fuerza y dijo con la
fuerza restante
-
Ve a canterlot, busca a Kenet Terland y dile que Remus
te envía – jadeando por la herida se levanta heridamente mira el techo con un are
de satisfacción, regresando a ver a su enamorado- lamento no poder corresponderte,
menos ahora...yo moriré este día, vive, vive por mi y todos nosotros, anda
vete.
-
No te dejare – unas lagrimas corren por sus mejillas-
yo te amo.
-
Yo también, pero no podre...yo –arroja al potro a la
cascada, corriendo de regreso, secándose las lagrimas, mientras grita al chico
sus ultimas palabras- no salgas hasta que escuches los sonidos de la noche -En
el exterior Remus era capturado mas muerto que vivo, no había mas
sobrevivientes, antes de perder el conocimiento deseo suerte a su amigo,
albergando por primera vez la venganza en su corazón.
La noche había
caído, para cuando Darkstar salió, paso entre un valle de cuerpos sin vida,
reconoció a su compañía, llevándolos al patio principal cavando la tumba de
cada uno, mas al ver el cuerpo de Serra sintió un odio terrible que nacía de
el, se vio en el charco de sangre emanante del cuerpo, vio la oscuridad y
escucho el sonido de los arboles. Su memoria había regresado, sabia quien era y
que debía hacer, mas primero vengaría aquellos que le ayudaron sin saber que el
mismo era una oscuridad terrible. Sus pensamientos se vieron interrumpidos al
ver un potrillo de no mas de 5 años, lo recogió y sin saber porque lo levanto.
-
Pequeño que mala suerte tienes, soy el heraldo de la
oscuridad –el pequeño solo reía- bien, serás mi alumno, pero te advierto, no seré
suave. Serra este será nuestro pequeño, no dejare que tu muerte sea en vano;
buscare a es tal Kenet Terland lo juro.
Se asomo para
ver el horizonte, cargado con un mapa, una carta y su nuevo pupilo se quedo
oyendo por un momento los sonidos de la noche.
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